GUIDE ME
- Alexandra

- 20 ago 2019
- 2 min de lectura
Es hermoso cuando podemos entregar nuestra completa voluntad al padre y simplemente descansar en sus promesas.

¿Cuántas veces le pedimos a Dios que nos guíe? Estoy segura que muchísimas. Me atrevo a decir que consideramos la opinión de Dios en cada una de nuestras decisiones. Pero... ¿cuántas veces haz dejado que te guíe?
En ocasiones, solamente decimos “Hey, voy a hacer esto ¿qué crees?” y como no vemos respuesta inmediata nos movemos sin esperar aprobación. Personalmente me he visto en situaciones en las que le digo a Dios “ay, quiero hacer esto, guíame” y sin esperar nada voy y hago “aquello” y luego yo misma me digo “wey, detente!” Y se sabe que Dios no va a bajar un ángel del cielo para darnos una respuesta a cada pregunta (aunque puede) pero muchas veces está bien que nos equivoquemos. Muchas veces no está tan mal que nos salgan las cosas mal... eso casi ni hace sentido pero piénsalo de siguiente modo.

El café. A algunos les gusta caliente, a otros frió, a unos les gusta bien dulce y a otros amargo, a unos les da igual comprar café de cualquier panadería, otros prefieren los coffee shops elaborados o solo toman café de casa, a otros ni les gusta. Pero todos tienen algo en común. Tuvieron que probar el café para saber cual era su go-to o su not-to.
¿Cómo ibas a saber qué te gustaba? ¿Cómo ibas a saber lo hermoso que es dejarse guiar por Dios si nunca te hubieras equivocado? Los tropiezos son parte de la vida, parte del camino, parte del aprendizaje. Son esos “cantasitos” los que nos hacen diferenciar el “oh yes” del “ew no”. A base de nuestras experiencias es que vamos a poder tomar mejores decisiones en el futuro. Pero hay un factor muy importante y es saber aceptar que nos equivocamos. Aceptar que no hay tal perfección en nosotros y quién único puede dirigir nuestro camino de una manera perfecta es Dios.
En nuestra humanidad es normal que queramos todo como si fuera un fast-food, eso no es malo; es parte de nosotros ser impacientes. Pero es cuando nos equivocamos que nos vamos a dar cuenta que dejarse guiar es muchísimo mejor. Es hermoso cuando podemos entregar nuestra completa voluntad al padre y simplemente descansar en sus promesas. Nos afanamos por pequeñeces sin acordarnos que en la Biblia dejó tantas y tantas promesas para nosotros.
Hace poco leí un post que decía (y lo parafraseo) “Jesús era solo una profecía y se cumplió... imagínate la promesa”. Imaginemos ver cumplidas todas las promesas que dejó para nosotros. Me parece más que suficiente para dejarme guiar. Me parece más que suficiente para dejarme moldear. Sus promesas me parecen más que suficientes para seguirle.
Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; Tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud.
Salmos 143: 10



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