Forced Pit Stop
- Alexandra

- 9 sept 2019
- 4 min de lectura

Desde que comencé este blog (esta es apenas la tercera publicación) mil ideas rondaban por mi mente. Veía inspiración en las cosas más simples de la vida, encontraba palabras donde solo habían letras regadas y todo fluía demasiado bien. Tuve conversaciones con personas demasiado parecidas a mi a las que nunca pensé conocer; pude compartir ideas, palabras de aliento y hasta recibí algunos mensajes myself que me ayudaban a keep it going con todas las ideas que tenía en mi cabeza.
Siempre he sido de estas niñas que tenían un diario y ahí escribían todo, desde el nene que les gustaba hasta su deseo más grande; that was me 10 years ago. Nunca he dejado de escribir, antes por ser tan callada plasmaba todos pensamientos en libretitas que tenía escondidas para que nadie en mi familia las encontrara. A veces hasta olvidaba dónde estaban, las encontraba meses después y hasta me reía de las tonterías que había escrito. Ahora de adulta (still weird to say I’m an adult) todavía escribo, solo que de sucesos más significativos, de decisiones más importante que “de qué color me voy a combinar las medias mañana en mi primer día de clases”. Ahora escribo sobre planes, proyectos, agradezco a Dios cada gesto que hace por mi, por cada persona que me rodea y por cada momento especial que tengo a solas con Él. Pero la vida me obligó a hacer un pit stop y nada parecía fluir. Llegó el famoso “writer’s block”, después de tantas ideas que tenía las olvidé todas.

Siempre ocurren sucesos que nos quieren hacer retroceder. Algo me detuvo en tiempo y espacio... y simplemente no parecía tener escapatoria, era como si estuviera en el mundo cuantico y no sabía cómo escabullirme. Sucesos inesperados justo cuando todo parecía estar en perfectar condiciones. Es como si vas de camino en el roadtrip más brutal que llevas planeando meses con tus amigos y de momento... se explota una goma.
En algún momento de nuestra vida se nos explota una goma del carro y tienes que decidir, me siento a llorar, cambio la goma o llamo al seguro. Tuve varios días de pensar en qué debía escribir. Hasta que decidí... embrace this pit stop, aprovéchalo para dar reset. Cuando dejé de darle importancia a mi goma “explotá”, neumático reventado o como le quieran llamar... decidí sacarle provecho a esto.
Vienen problemas, tribulaciones, enfermedades, sucesos que nos marcan de por vida y terminamos haciendo las tres cosas en ese mismo orden.
Lo primero que casi siempre hacemos, o al menos lo que hago yo es sentarme a llorar (silly me). Quienes realmente me conocen saben que de la misma manera en que soy vivaracha seré melancólica; and that’s just me, un “mejunje” de emociones que no parece terminar. Cuando algo me confronta casi nunca sé qué hacer, me ahogo en un vaso de agua, hago mil papelones, saco del sistema mil lágrimas sin parar esté donde esté y eso está bien. Si estás llorando embrace it, desahógate, habla con un amigo, cuando estés solo grita todo lo que tengas que gritar, el dolor sale mas rápido así... creo yo.
Luego intentamos cambiar la goma. El chiste de todo es que yo no sé cambiar gomas. Me dicen "Busca la chicharra" y yo estoy dando vueltas buscando algo que haga algun ruidito chillón. Sé que no era necesaria la descripción, solo quería que tuvieran idea de lo lenta que soy en estos temas; no entiendo ni papa pero aún así lo intenté. Aunque no entendemos ni papa, ni siquiera hemos internalizado la herida que ahora debemos sanar pero queremos recoger el desastre a manos vacías. Intentamos tomar las piezas de nuestro corazón herido y creemos que podemos repararlo nosotros solos. Nos da coraje cuando nos damos cuenta que no tenemos la menor idea de lo que estamos haciendo y que simplemente llorando e intentando sin ayuda de nadie no vamos a lograr nada. En cambio, puede que terminemos explotando la repuesta también.
Finalmente recapacitamos y recordamos que tenemos un seguro... (si no lo tiene y guía malo como yo, se lo recomiendo). Tenga siempre personas en las que pueda confiar pero tenga en mente que tiene un Padre que también está pendiente a cada paso que damos, cada lágrima que derramamos y enjugará cada una de ellas. Siempre al final... podremos abrir los ojos y recordar que le tenemos a El y que El todo lo puede. Todo lo restaura, todo lo sana, todo lo borra, puede unir cada pieza de nuestro corazón destrozado y sanar cada herida que pudieron dejar otros, puede remendar cada hueso quebrado y limar cada aspereza.
Para Dios nunca estaremos demasiado rotos, al contrario de como nosotros nos podamos sentir, para Él es fácil desaparecer nuestra gran adversidad. Claro, si no llega el seguro “papi” siempre está y nos va a recordar que no pasemos por el mismo cráter en la carretera... esquivas el hoyo o cambias la ruta.

Qué difícil se nos hace entender que el corazón roto que tenemos (o tuvimos) pudimos evitarlo y que tenemos en nosotros el poder de evitar que vuelva a romperse. Aunque la mayoría del tiempo no tomamos en cuenta el poder que tienen nuestras palabras y acciones, y cuánto nos pueden afectar a largo plazo esas decisiones que vemos como simples. La biblia nos habla sobre guardar nuestro corazón y nos lo recalca como algo muy importante. No he llegado a sentir algo más bonito que lo que se siente cuando estamos sanos espiritual y emocionalmente. Cuando sabemos que no hay maldad en nuestras acciones, en nuestras palabras y en nuestro corazón podemos vivir con la paz de que Jesús vive en un lugar al que es agradable aceptar invitados. Jesus dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida y nadie viene al Padre si no es por mi". De nuestro corazón mana la vida, y la vida es Jesús. Si Jesús vive en ti, asegúrate de tenerle preparado un lugar limpio y agradable en donde Él pueda habitar.
Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida.
Proverbios 4:23 | RVR6



Comentarios