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  • Foto del escritor: Alexandra
    Alexandra
  • 24 sept 2019
  • 3 min de lectura

Somos el reflejo de quienes nos rodean.

Pienso que cada persona tiene una temporada de introspección en la que reflexiona sobre sus metas, proyectos, planes a largo plazo, su filosofía de vida, entre otras cosas que incluye evaluar a quienes le rodean. Hay un dicho que va así: “Dime con quien andas y te diré quién eres.” Cuando más pequeña pensaba que esa era la tontería más grande del mundo, sin embargo ahora pienso que guarda una enorme verdad.

Nosotros somos espejos. Involuntariamente estaremos reflejando al mundo lo que los demás depositan en nosotros. Siendo luz, reflejaremos luz. Siendo tinieblas, opacaremos el mundo con nuestra oscuridad. Hay dos vertientes sobre este pensamiento. Lo que reflejamos en otros y lo que otros reflejan en mí.



Siempre hay espacio para mejorar. Hay varios aspectos de nuestra vida que pueden entrar en cuestión como lo emocional, mental, espiritual, social y familiar. Todos tenemos nuestras batallas en cuanto a esto, nadie es totalmente perfecto, el problema estriba cuando nos conformamos con estar “lo suficientemente bien”. Considero que siempre se puede estar mejor y no al punto de una ambición enfermiza, pero siempre podremos mejorar nuestra vida emocional, siempre podremos ir a terapia o conversar con amigos cercanos esos “issues” que nunca se resolvieron porque no tenían importancia. Muchas veces hablamos de la salud mental y emocional; y de lo importante que es cuidarnos en ese aspecto, instamos a los demás a buscar ayuda pero sabiendo que nosotros necesitamos no acudimos simplemente por el qué dirán. Sabemos que hay cosas que deben ser discutidas pero lo dejamos para después; procuremos que después no se haga más complicado por haber atrasado nuestro proceso de sanidad interior.


El aspecto espiritual en nuestra vida es uno que necesita constancia. La rutina muchas veces nos logra alejar del tiempo devocional diario que debemos tener. No es ir a la iglesia 2 o 3 veces en la semana, es tu relación diaria con Dios. ¿Oras al llegar a la iglesia solamente? Tenemos un Dios poderoso que puede con cualquier batalla y a veces queremos luchar con nuestras fuerzas simplemente porque no le damos el espacio. La oración es vital. Hay muchísimas veces en las que no nos salen las palabras para decirle a Dios todo lo que hay en nuestra mente; pero es en esos momentos en el que el silencio y nuestras lágrimas hablaran por nosotros; He knows best.



Nuestra vida social y familiar va de la mano. Debe haber siempre un balance en cuando estamos dejando atrás a nuestra familia y desperdiciando momentos importantes que no van a volver jamás. Pongamos en balanza nuestras decisiones y recordemos siempre que nuestra familia no debe ser opción.



Ahora bien, ¿la gente que me rodea refleja luz o tinieblas? Suena un poco fuerte pero la realidad es que no hay un “in-between”. Me daña o me ayuda. Evalúa las conversaciones que tienes con las personas, ¿te edifican o te dañan? Evalúa las conversaciones que creas tú, ¿edificas o dañas? Evalúa los lugares que frecuentas, ¿te edifican o te dañan? Evalúa la música que escuchas, ¿te edifica o te daña? Evalúate. Siempre hay espacio para ser mejor y para estar mejor.

Evalúa lo que estás reflejando en los espejos de los demás, ¿eres luz o...





De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura {es}; las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas.


y os vistáis del nuevo hombre, el cual, en {la semejanza de} Dios, ha sido creado en la justicia y santidad de la verdad.


Lo que es nacido de la carne, carne es, y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.

 
 
 
  • Foto del escritor: Alexandra
    Alexandra
  • 9 sept 2019
  • 4 min de lectura




Desde que comencé este blog (esta es apenas la tercera publicación) mil ideas rondaban por mi mente. Veía inspiración en las cosas más simples de la vida, encontraba palabras donde solo habían letras regadas y todo fluía demasiado bien. Tuve conversaciones con personas demasiado parecidas a mi a las que nunca pensé conocer; pude compartir ideas, palabras de aliento y hasta recibí algunos mensajes myself que me ayudaban a keep it going con todas las ideas que tenía en mi cabeza.


Siempre he sido de estas niñas que tenían un diario y ahí escribían todo, desde el nene que les gustaba hasta su deseo más grande; that was me 10 years ago. Nunca he dejado de escribir, antes por ser tan callada plasmaba todos pensamientos en libretitas que tenía escondidas para que nadie en mi familia las encontrara. A veces hasta olvidaba dónde estaban, las encontraba meses después y hasta me reía de las tonterías que había escrito. Ahora de adulta (still weird to say I’m an adult) todavía escribo, solo que de sucesos más significativos, de decisiones más importante que “de qué color me voy a combinar las medias mañana en mi primer día de clases”. Ahora escribo sobre planes, proyectos, agradezco a Dios cada gesto que hace por mi, por cada persona que me rodea y por cada momento especial que tengo a solas con Él. Pero la vida me obligó a hacer un pit stop y nada parecía fluir. Llegó el famoso “writer’s block”, después de tantas ideas que tenía las olvidé todas.




Siempre ocurren sucesos que nos quieren hacer retroceder. Algo me detuvo en tiempo y espacio... y simplemente no parecía tener escapatoria, era como si estuviera en el mundo cuantico y no sabía cómo escabullirme. Sucesos inesperados justo cuando todo parecía estar en perfectar condiciones. Es como si vas de camino en el roadtrip más brutal que llevas planeando meses con tus amigos y de momento... se explota una goma.


En algún momento de nuestra vida se nos explota una goma del carro y tienes que decidir, me siento a llorar, cambio la goma o llamo al seguro. Tuve varios días de pensar en qué debía escribir. Hasta que decidí... embrace this pit stop, aprovéchalo para dar reset. Cuando dejé de darle importancia a mi goma “explotá”, neumático reventado o como le quieran llamar... decidí sacarle provecho a esto.

Vienen problemas, tribulaciones, enfermedades, sucesos que nos marcan de por vida y terminamos haciendo las tres cosas en ese mismo orden.



Lo primero que casi siempre hacemos, o al menos lo que hago yo es sentarme a llorar (silly me). Quienes realmente me conocen saben que de la misma manera en que soy vivaracha seré melancólica; and that’s just me, un “mejunje” de emociones que no parece terminar. Cuando algo me confronta casi nunca sé qué hacer, me ahogo en un vaso de agua, hago mil papelones, saco del sistema mil lágrimas sin parar esté donde esté y eso está bien. Si estás llorando embrace it, desahógate, habla con un amigo, cuando estés solo grita todo lo que tengas que gritar, el dolor sale mas rápido así... creo yo.



Luego intentamos cambiar la goma. El chiste de todo es que yo no sé cambiar gomas. Me dicen "Busca la chicharra" y yo estoy dando vueltas buscando algo que haga algun ruidito chillón. Sé que no era necesaria la descripción, solo quería que tuvieran idea de lo lenta que soy en estos temas; no entiendo ni papa pero aún así lo intenté. Aunque no entendemos ni papa, ni siquiera hemos internalizado la herida que ahora debemos sanar pero queremos recoger el desastre a manos vacías. Intentamos tomar las piezas de nuestro corazón herido y creemos que podemos repararlo nosotros solos. Nos da coraje cuando nos damos cuenta que no tenemos la menor idea de lo que estamos haciendo y que simplemente llorando e intentando sin ayuda de nadie no vamos a lograr nada. En cambio, puede que terminemos explotando la repuesta también.



Finalmente recapacitamos y recordamos que tenemos un seguro... (si no lo tiene y guía malo como yo, se lo recomiendo). Tenga siempre personas en las que pueda confiar pero tenga en mente que tiene un Padre que también está pendiente a cada paso que damos, cada lágrima que derramamos y enjugará cada una de ellas. Siempre al final... podremos abrir los ojos y recordar que le tenemos a El y que El todo lo puede. Todo lo restaura, todo lo sana, todo lo borra, puede unir cada pieza de nuestro corazón destrozado y sanar cada herida que pudieron dejar otros, puede remendar cada hueso quebrado y limar cada aspereza.


Para Dios nunca estaremos demasiado rotos, al contrario de como nosotros nos podamos sentir, para Él es fácil desaparecer nuestra gran adversidad. Claro, si no llega el seguro “papi” siempre está y nos va a recordar que no pasemos por el mismo cráter en la carretera... esquivas el hoyo o cambias la ruta.




Qué difícil se nos hace entender que el corazón roto que tenemos (o tuvimos) pudimos evitarlo y que tenemos en nosotros el poder de evitar que vuelva a romperse. Aunque la mayoría del tiempo no tomamos en cuenta el poder que tienen nuestras palabras y acciones, y cuánto nos pueden afectar a largo plazo esas decisiones que vemos como simples. La biblia nos habla sobre guardar nuestro corazón y nos lo recalca como algo muy importante. No he llegado a sentir algo más bonito que lo que se siente cuando estamos sanos espiritual y emocionalmente. Cuando sabemos que no hay maldad en nuestras acciones, en nuestras palabras y en nuestro corazón podemos vivir con la paz de que Jesús vive en un lugar al que es agradable aceptar invitados. Jesus dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida y nadie viene al Padre si no es por mi". De nuestro corazón mana la vida, y la vida es Jesús. Si Jesús vive en ti, asegúrate de tenerle preparado un lugar limpio y agradable en donde Él pueda habitar.



Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida.

Proverbios 4:23 | RVR6

 
 
 
  • Foto del escritor: Alexandra
    Alexandra
  • 20 ago 2019
  • 2 min de lectura

Es hermoso cuando podemos entregar nuestra completa voluntad al padre y simplemente descansar en sus promesas.



¿Cuántas veces le pedimos a Dios que nos guíe? Estoy segura que muchísimas. Me atrevo a decir que consideramos la opinión de Dios en cada una de nuestras decisiones. Pero... ¿cuántas veces haz dejado que te guíe?

En ocasiones, solamente decimos “Hey, voy a hacer esto ¿qué crees?” y como no vemos respuesta inmediata nos movemos sin esperar aprobación. Personalmente me he visto en situaciones en las que le digo a Dios “ay, quiero hacer esto, guíame” y sin esperar nada voy y hago “aquello” y luego yo misma me digo “wey, detente!” Y se sabe que Dios no va a bajar un ángel del cielo para darnos una respuesta a cada pregunta (aunque puede) pero muchas veces está bien que nos equivoquemos. Muchas veces no está tan mal que nos salgan las cosas mal... eso casi ni hace sentido pero piénsalo de siguiente modo.




El café. A algunos les gusta caliente, a otros frió, a unos les gusta bien dulce y a otros amargo, a unos les da igual comprar café de cualquier panadería, otros prefieren los coffee shops elaborados o solo toman café de casa, a otros ni les gusta. Pero todos tienen algo en común. Tuvieron que probar el café para saber cual era su go-to o su not-to.


¿Cómo ibas a saber qué te gustaba? ¿Cómo ibas a saber lo hermoso que es dejarse guiar por Dios si nunca te hubieras equivocado? Los tropiezos son parte de la vida, parte del camino, parte del aprendizaje. Son esos “cantasitos” los que nos hacen diferenciar el “oh yes” del “ew no”. A base de nuestras experiencias es que vamos a poder tomar mejores decisiones en el futuro. Pero hay un factor muy importante y es saber aceptar que nos equivocamos. Aceptar que no hay tal perfección en nosotros y quién único puede dirigir nuestro camino de una manera perfecta es Dios.


En nuestra humanidad es normal que queramos todo como si fuera un fast-food, eso no es malo; es parte de nosotros ser impacientes. Pero es cuando nos equivocamos que nos vamos a dar cuenta que dejarse guiar es muchísimo mejor. Es hermoso cuando podemos entregar nuestra completa voluntad al padre y simplemente descansar en sus promesas. Nos afanamos por pequeñeces sin acordarnos que en la Biblia dejó tantas y tantas promesas para nosotros.



Hace poco leí un post que decía (y lo parafraseo) “Jesús era solo una profecía y se cumplió... imagínate la promesa”. Imaginemos ver cumplidas todas las promesas que dejó para nosotros. Me parece más que suficiente para dejarme guiar. Me parece más que suficiente para dejarme moldear. Sus promesas me parecen más que suficientes para seguirle.




Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; Tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud.

Salmos 143: 10


"Que Tu espíritu me guíe sin fronteras, mas allá de las barreras a donde Tu me llames..."


 
 
 

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